Desde la Fundación PIDEE abogamos por la necesidad de incorporar una formación en derechos humanos desde los niveles de transición. A menudo se considera que el tema de los derechos humanos está reservado a las personas adultas, debates políticos y/o tribunales de justicia. Sin embargo, valores como el respeto, la justicia, la dignidad, la empatía, la no discriminación no se aprenden de forma espontánea; deben ser cultivadas diariamente en la familia, la escuela, la comunidad.
La escuela, como institución educativa, es en sí misma un garante en la defensa, respeto y promoción de los derechos humanos, las niñas y niños deben vivenciarlo cotidianamente en su sala de clases, en sus momentos de recreación, en el trabajo colaborativo, en la forma en que se abordan los conflictos escolares.
En la actualidad, la educación en derechos humanos sigue siendo una asignatura pendiente en las escuelas de nuestro país. El sistema educativo chileno marcado por una constante medición de resultados, ha relegado este aprendizaje fundamental para la vida en comunidad y el fortalecimiento de la democracia. La formación ciudadana no se agota en aprender a aceptar y obedecer normas, su eje fundamental es el reconocimiento ético del otro/a como un igual en derechos y dignidad.
En Chile, las instituciones educativas tienen planes de formación ciudadana y convivencia escolar que, por lo general, son reglamentos de conductas y protocolos internos; que en su elaboración no han contado con la participación de todos los actores escolares, como estudiantes, familia, comunidad escolar. Estos reglamentos no aportan a la reflexión necesaria que debe tener el estudiantado y sus familias en torno al buen trato, la solidaridad, la justicia, la diversidad, las diferencias culturales.
Formar a niños y niñas en derechos humanos no significa memorizar los tratados internacionales, implica aportarles herramientas que les permitan identificar la vulneración a sus derechos, a reconocer la injusticia, la manipulación, las diferencias culturales y de género presentes en su curso y escuela, a comprender la historia de nuestro país. Un niño o niña que conoce sus derechos tiene más capacidad para protegerse y para comprender su responsabilidad dentro de la sociedad, poco a poco se constituye como un sujeto autónomo y autorregulado, capaz de involucrarse activa y cooperativamente con los demás.
La aspiración que orienta nuestro sistema educativo es la formación integral, que implica formar personas inquisitivas, pensadoras, equilibradas, capaces de comunicar sus ideas, con principios, audaces y con iniciativa, reflexivas, abiertas de mente, respetuosas y solidarias, esforzadas y perseverantes en el trabajo.
Recuperar la educación en derechos humanos en el centro del proyecto educativo chileno es un imperativo ético; sobre todo teniendo en consideración esta nueva ley de Escuelas Protegidas, promulgada recientemente, la que no toma en consideración el interés superior del niño/a, su dignidad y el respeto a su opinión, asumiéndose la seguridad pública desde el control social. Si aspiramos a construir una sociedad menos fragmentada, más solidaria y genuinamente democrática, debemos devolver a las aulas la enseñanza explícita de la dignidad humana como el cimiento sobre el cual se construye cualquier conocimiento.

