Ley de Escuelas Protegidas, una mala señal para la sociedad

Carlos Eugenio BecaEntrevista a Carlos Eugenio Beca, experto en educación con foco en políticas docentes, con quien exploramos los desafíos que presenta hoy en Chile la enseñanza de los derechos de niños, niñas y adolescentes.

Profesor de Filosofía de la Universidad Católica de Chile, Beca es académico y durante diez años fue director del Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP, 2000-2010). Integró la secretaría técnica de la Estrategia Regional de Docentes de Unesco (2011-2019) y es autor de publicaciones sobre políticas docentes y desarrollo profesional continuo del profesorado.

¿Por qué es importante insistir en trabajar en el tema de derechos de la infancia con niños y niñas?

Las escuelas tienen por misión formar a los niños, y por lo tanto cuidarlos y cautelar de sus derechos, formarlos integralmente y lograr los aprendizajes fundamentales que necesitan para su desarrollo en su vida personal, en su vida en sociedad, y eso implica preocuparse muy profundamente de velar por sus derechos como niños y adolescentes.

“Las escuelas tienen esa vocación por naturaleza, pero evidentemente enfrentan dificultades para abordarlo, y también hay que distinguir entre escuela y escuela, porque las escuelas tienen sus proyectos educativos, sus liderazgos, que a veces pueden favorecer más el respeto a los derechos de los niños o menos. Hay una serie de factores sociales y de la concepción de educación que vienen instalándose en Chile desde hace muchas décadas, que hacen que no todas las escuelas tengan la misma posibilidad o vocación por resguardar los derechos de los niños y adolescentes. Está la barrera material o incluso económica, porque situarse como un colegio o liceo con buenos resultados académicos reditúa económicamente, da prestigio, atrae más alumnos; está todo muy orientado a estos resultados, a atraer más alumnos, y como la subvención educacional es por alumnos, eso incide en sus posibilidades y prestigio. Y si bien hoy día se ha superado esto con el proceso de admisión unificado, ahora se quiere volver con la selección de estudiantes. De todas maneras, las escuelas compiten y discriminan de alguna manera entre aquellos niños que tienen mejor rendimiento y otros que no”.

 

Violencia en la escuela: prevención o represión

Un factor fundamental a tomar en cuenta para fortalecer una cultura de derechos al interior de los establecimientos educacionales es el contexto social en el que se inserta: “El contexto de violencia en la sociedad actual repercute en la escuela, todos los conflictos de convivencia dramáticos, como los que se vieron este año en Calama, hace que muchas veces las escuelas tengan que preocuparse del cuidado de la convivencia y de repente pueden caer en conductas muy duras hacia los niños y niñas, muy represivas, muy punitivas, que no resguardan plenamente sus derechos. Hay una tensión que vive la escuela entre tratar de cuidar la convivencia, pero cómo hacerlo sin caer en actitudes punitivas o de control; es lo que pasa hoy día con el proyecto de ley de escuela protegida, que tiende a producir una intromisión en los derechos de los niños, en vista de cuidar que haya mejor convivencia. Pero cómo cuidar la convivencia: con controles, con castigos, restringiendo derechos, o se hace previniendo situaciones que puedan darse antes que ocurran. Porque de pronto se puede prevenir un acontecimiento trágico como el de Calama al interior de la escuela, pero si no se toman medidas de prevención a lo mejor ocurre al lado de afuera de la escuela y es igualmente grave y terrible.

“Todas esas acciones de revisiones antes de entrar o pórticos, la revisión de mochilas, todas esas cosas pueden vulnerar derechos, pero además no necesariamente van a ser una solución. Y generan climas de mucho temor, por eso esta ley puede considerarse como un elemento que promueve más bien un retroceso de los derechos de los niños en el contexto escolar, puede implicar un retroceso efectivo, y la creación de climas de mucho control y desconfianza hacia los niños; y los niños a la vez pueden reaccionar a esa desconfianza con más violencia, entonces claramente puede no ayudar”.

La conocida como “Ley Escuelas Protegidas”, promulgada el 12 de agosto último, faculta a los establecimientos educacionales a someter a revisión las mochilas y pertenencias personales, prohíbe el uso de implementos que oculten el rostro de las y los estudiantes y en general entrega mayores facultades al profesorado para adoptar medidas de orden y disciplina, para lo cual el colegio deberá incorporar estos procedimientos en sus respectivos reglamentos internos.

Tras un requerimiento ante el Tribunal Constitucional, la instancia eliminó cuatro de los aspectos más controversiales de la normativa, entre ellas la que contemplaba la intervención de la PDI o Carabineros en el caso de que el o la estudiante se negaran a la revisión de sus pertenencias, o aquella que restringía el acceso a la gratuidad universitaria a los estudiantes que hubieran sido sancionados por hechos que afectaran la convivencia escolar.

Carlos Eugenio BecaEl profesor Beca es crítico respecto a los efectos de la ley y a la señal que se envía a la sociedad: “Tiene una serie de elementos que son voluntarios, porque tampoco ordena que tengan que haber pórticos, sino que lo posibilita. Porque además esta medida implica una serie de costos que la escuela no tiene cómo asumir, no es muy viable tampoco. Pero sí la revisión de mochilas, que probablemente es una de las medidas más conflictivas, porque en ese acto se produce un roce entre los alumnos, alumnas y una figura que va a ser de autoridad y ese es un contexto propicio para que se provoquen, no sé si enfrentamientos, pero sí una mala relación porque a nadie le gusta que le estén revisando las cosas. Entonces si la ley no es obligatoria, en el fondo es prácticamente más una señal hacia la sociedad, es más eso que su efecto práctico”.

Un factor clave en el ecosistema educativo son los profesores y profesoras, que enfrentan sus propios desafíos a la hora de abordar temáticas complejas como el fomento entre sus estudiantes de una cultura de derechos. ¿Cómo se encuentra el profesorado frente a ese desafío? Responde Carlos Eugenio Beca:Es muy difícil generalizar, pero tal vez haya una diferenciación que se pueda hacer generacionalmente porque los profesores más jóvenes tienen formación inicial, la que hoy en día se imparte en las universidades, enmarcada por políticas educativas que han fomentado más la inclusión en la educación. Ha habido una serie de medidas orientadas a mejorar la formación inicial docente, hay estándares nuevos, tenemos una acreditación obligatoria en las carreras de pedagogía y existe el marco para la buena enseñanza. En todas estas herramientas ha tendido a enfatizarse el tema del bienestar socioemocional de los alumnos, y generar condiciones propicias para el aprendizaje creando un clima adecuado. Entonces es posible que, en la formación inicial docente más reciente, y esto es una hipótesis, las generaciones más nuevas de profesores tengan más herramientas que los profesores más antiguos. Estamos hablando de un cambio de hace 5 o 10 años por lo menos”.

“Además los profesores más jóvenes tienen mayores posibilidades de comprender mejor la cultura de los niños, niñas y adolescentes de hoy, que es muy distinta y es cada día más distinta con la incorporación de la tecnología, con la era digital, las redes sociales. Los profesores formados hace más tiempo, cuando probablemente la pedagogía tendía a una metodología más autoritaria, en que se imponía una disciplina malentendida, más unilateral y unidireccional. Creo que hoy hay una tendencia más a esa escucha, a ese respeto y a esa consideración por la palabra de los niños y niñas y adolescentes. Pero a la vez incluso los profesores más nuevos también tienen la dificultad de adaptarse a esta nueva cultura, los niños van cambiando muy velozmente, igual como va cambiando la sociedad, sobre todo en la era digital, con la inteligencia artificial y redes sociales”.

En este contexto, la formación continua adquiere una importancia trascendental: “A pesar de que se han incorporado otros profesionales, como psicólogos, fonoaudiólogos, los equipos PIE”, asegura el profesor Beca, “es más frecuente en los profesores decir ‘carecemos y nos gustaría tener más herramientas para atender la diversidad’. Encuentran esa contradicción entre que por un lado les exigen mejores rendimientos académicos, y por otro atender a alumnos con diversas capacidades y necesidades que a lo mejor no contribuyen a mejorar los promedios de los resultados en las pruebas”.

El otro factor decisivo en la formación durante la infancia lo constituye el núcleo familiar, ¿cuál es el rol que debiera jugar la familia y qué tanto aporta a la promoción de los derechos de los niños, niñas y adolescentes?

La escuela recibe al niño en pre-kinder, con 4 años, o eventualmente puede ser un poco antes, y ahí ya recibe a ese niño con ciertas características, entre las que incide mucho el respeto que haya habido por sus derechos en la infancia al interior de la familia. Y ahí la variedad de situaciones es enorme. La escuela no puede incidir en lo que puede haber ocurrido antes con ese niño o niña, si llega con una vulneración de derechos o con un respeto de derechos, que son situaciones muy distintas. La escuela tiene que construir una vinculación con la familia, que es un desafío muy grande. Y es increíble que la pandemia, con todas sus dificultades, ayudó a construir más esos vínculos porque las escuelas se vieron en la necesidad de vincularse con la familia para saber qué estaba ocurriendo con los niños, por qué se conectaban o no se conectaban en las clases virtuales, etc. Hoy ha empezado a ocurrir también una tendencia a que la familia se vincule para lograr mayor retención, se ha puesto mucho énfasis en el tema de la baja asistencia.

“La escuela tradicionalmente ha tenido una dificultad muy grande para relacionarse con la familia, existen los centros de padres, las reuniones de apoderados, pero es muy importante que se desarrolle más ese vínculo y ver cómo la escuela puede contribuir a aunar criterios con los padres de manera de asumir un carácter formativo; también hay una tradición de la escuela para padres, hay un factor formativo que la escuela puede lograr con los padres. Ahora, la relación con los padres también ha estado cruzada por la violencia que hay en la sociedad. Muchas veces se ve a padres que atacan a profesores, atacan a los directores, inspectores. En estos casos la protección de los derechos de sus hijos es vista como una protección que se ejerce de una manera violenta, ‘voy a reclamar por las notas, reclamo porque lo retaron, reclamo porque le llamaron la atención’, ahí hay una tensión. Pero una cosa es crear mecanismos para que los padres tengan donde reclamar si sienten que sus hijos son vulnerados en sus derechos, y la otra es acudir de una manera violenta hacia la escuela, hacia el personal docente, directivos. En ese caso se ejerce una protección mal entendida, que hace que la escuela asuma una actitud defensiva y vea a los padres como una amenaza, y así es difícil colaborar. Creo que hay un desafío enorme que tiene la escuela de mejorar la relación con los padres, porque de hecho son necesariamente aliados. Pero la situación en las familias y en las escuelas es diversa, cada niño o niña tiene que tener un tratamiento distinto según su situación familiar, y eso es complicado porque sabemos que las escuelas tienden a estandarizar más que a diversificar”.

¿Como se puede responder a quienes apuntan que el ejercicio de los derechos fundamentales en la infancia se debe equilibrar con la imposición de determinados deberes?

Creo que hay que plantearlo no como un contrapeso, sino que la educación tiene que abordar ambas dimensiones de derechos y deberes. El estudiante tiene un deber de aprender, de estudiar, de cumplir con las obligaciones académicas que pueda tener la escuela, pero también debe cumplir los deberes de respeto a los derechos de los demás, porque los derechos entendidos sólo como ‘mis derechos’ tienden a desarrollar más el individualismo y el egoísmo.

“El deber primero es el de poder entender que no solamente existen mis derechos, sino que existen los derechos de cada una de mis compañeras y compañeros, el derecho al respeto que necesitan los adultos profesores, directores, inspectores, etc. Entender esos derechos como derechos que no son individuales, sino que son de todos, implica educar en la solidaridad, en el respeto, en el afecto por las demás personas y en cuidar a las demás personas porque somos todos los que tenemos el derecho a cuidarnos, a ser cuidados y no solo yo. Al entender los derechos no como una cuestión puramente individual, sino que como algo que nos afecta a todos y a todas los que pertenecemos a la comunidad educativa, tanto niños, niñas, adolescentes como adultos, eso necesariamente hace que el derecho también implique un deber: yo tengo el deber de respetar el derecho del otro, ahí se entiende mejor hasta qué punto son contraparte una cosa de la otra, son parte de una misma cosa”.

En una perspectiva general del panorama actual en relación a la educación con enfoque de derechos en el contexto escolar, y en relación a su inserción dentro del currículum escolar, ¿de qué manera se puede fortalecer esa enseñanza de derechos humanos?

Los cambios más recientes del currículum han incorporado más la dimensión de formación ciudadana, incluso hay una ley de hace unos diez años atrás que establece que los colegios tienen que tener planes de formación ciudadana, y esto implica el tema de los derechos humanos. La escuela tiene que educar en lo que son los derechos de los niños, niñas y adolescentes, pero también en los derechos humanos en la sociedad: los derechos sociales, el derecho a la vida. Esto es muy sensible por toda la experiencia histórica que tenemos en relación a derechos humanos y eso tiene que ser muy reflexionado de tal forma que se entienda que la sociedad tiene que tener ciertas normas que respeten los derechos de las personas, incluso los derechos de quienes violan los derechos de otros y cometen actos delictuales pero que también son personas que tienen derechos.

“Ahora, estamos viviendo una sociedad con una presencia de criminalidad mayor, de crimen organizado, y la respuesta a eso tiende a ser extremadamente punitiva. Así es muy fácil, y las redes sociales ayudan en eso, que se generen climas de violencia en que aparentemente los derechos son de unos, pero no son de otros. En ese sentido la escuela tiene que ser capaz, de acuerdo a las distintas edades de los niños, niñas y adolescentes, de ir incorporando una reflexión que haga que quienes se forman, se formen para una sociedad que respeta efectivamente los derechos de todas las personas”.

“Falta avanzar en la formación de los profesores, tanto en la formación inicial como en la formación continua. Esto tiende a estar muy radicado en los profesores de ciencias sociales, pero es importante que no solamente sean ellos quienes hagan esas reflexiones, sino que sea más transversal y que esté incorporado en cualquiera de las disciplinas. Creo que los profesores jefes tienen un rol importante en eso porque son quienes tienen más reuniones de orientación, de reflexión con NNA. En esto es importante partir desde lo micro, lo que ocurre en la convivencia entre los compañeros en la sala, a lo inmenso que podría ser la escuela, los conflictos entre un curso y otro, escalando hasta lo que ocurre en la sociedad y ahí reflexionar. Es un desafío interesante, y complicado también”.

Paulina Vera Puz