Niños chilenos traficados a EE.UU. quedan abandonados en una de las selvas más peligrosas del mundo

Organización criminal con asiento en Santiago traficaba personas hacia Chile y desde el país hacia el exterior. Más de mil migrantes fueron sus víctimas, muchas de las cuales salieron desde Arica con destino a Estados Unidos. Unas 280 de ellas eran haitianos que querían irse de nuestro país y llegar a Texas, pero varios murieron en el Tapón del Darién, dejando a sus hijos chilenos (nacidos en Chile) expuestos a grupos delincuenciales, paramilitares y animales salvajes. Los acusados serán llevados a juicio a fines de año, pero no podrán ser perseguidos por esos hechos, pues la legislación solo sanciona a quienes trafiquen personas hacia Chile y no a quienes las saquen de él.

Considerada por Naciones Unidas como la segunda ruta de migración más peligrosa del mundo, la selva del Darién, situada entre Colombia y Panamá, es uno de los peores obstáculos que cualquier latinoamericano que emigra de a pie a Estados Unidos debe enfrentar.

Se trata de una selva tan impenetrable que el inicio de ella es imposible hacerlo por tierra. La única posibilidad es tomar un bote en Necoclí, en el Atlántico colombiano, y desde allí pasar por el mar hasta Acandí o Capurgana, también en Colombia, pero al lado de la frontera con Panamá. Ese viaje ya es de suyo peligroso, pues se efectúa en frágiles embarcaciones, siempre sobrecargadas.

Si se sobrevive, los peligros a que se enfrentan los migrantes son innumerables, pues en la selva del Darién deben cruzar ríos muy caudalosos, subir cerros empinados y enfrentar durísimas condiciones climáticas, pero además de eso hay grupos paramilitares, organizaciones de asaltantes y, también, todo tipo de animales salvajes.

Nadie conoce bien la cantidad de migrantes que perecen al interior de ella, pero sí se sabe hoy que la mayoría de quienes emprenden este viaje lleno de peligros, que considera además esquivar los controles fronterizos de varios países, son venezolanos y colombianos.

Sin embargo, en los últimos años se ha detectado un importante flujo de personas provenientes de Chile también, en su mayoría haitianos, como lo demostró una investigación realizada por la fiscal de la Fiscalía Regional Centro Norte, Carolina Suazo, y la Brigada Investigadora de Trata de Personas (Britrap) metropolitana, por medio de la operación “Frontera Norte”, la cual detectó a una organización criminal internacional que traficó al menos a mil personas, la mayoría de ellas venezolanos que el grupo introdujo en forma clandestina a nuestro país, aunque una proporción no menor (280) corresponde a haitianos que fueron traficados desde Chile hacia Estados Unidos, en muchos casos, acompañados de sus hijos nacidos en suelo nacional, es decir, de niños y niñas chilenos.

Lo más dramático del caso es que se sabe de al menos seis de estos menores de edad que quedaron varados en plena selva del Darién, a merced de los elementos, de los “coyotes” y de los asaltantes, luego de que uno o ambos padres fallecieran en medio de las inclemencias de dicho paso.

El inicio del caso

La fiscal Suazo explica que el caso se inició hacia 2020, cuando el ex Sename (actual Servicio Mejor Niñez) recibió información relativa a una niña chilena, hija de padres haitianos, que fue encontrada en la selva del Darién por la policía panameña, a la cual la relató que sus padres habían fallecido en el cruce.

No era la primera vez que la persecutora escuchaba del paso del Darién, por cierto. En otra de sus investigaciones, relativa a una mafia que traficaba ciudadanos de Bangladesh hacia Chile, a fin de traficarlos hacia Estados Unidos, varias de las víctimas ya habían mencionado ese lugar (también conocido como el Tapón del Darién) como el lugar más complejo de una ruta terrestre que partía en Arica y terminaba en Texas, siempre de la mano de “coyotes” (más conocidos en otras partes de América Latina como “trocheros”, “jaladores”, “polleros” o “palancas”) que les cobraban entre dos y tres mil dólares por pasarlos entre las fronteras de los distintos países.

En el caso del tráfico de personas haitianas y sus hijos chilenos, como determinó la PDI, el grupo era supuestamente liderado por el también haitiano Maxene Faustin, domiciliado en Estación Central, quien ofrecía los servicios de su organización por medio de avisos en redes sociales y WhatsApp, escritos en creole.

Las redes sociales

Una revisión somera de las redes sociales evidencia, de hecho, que existen numerosos posteos en español al respecto en distintas redes sociales.

En Facebook, por ejemplo, un grupo muy activo es “Darien la selva de los migrantes”, en el cual es frecuente encontrar posteos como el de “Junior Delgado”, quien a inicios de abril escribió “Saliendo esta misma semana desde Santiago, quién se une?” o el de “Jeancarlo González”, quien escribió ahí buscando un “trochero” y preguntando “¿Quién sale desde Chile y cuánto?”.

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