Columna de Opinión

Refugiados versus Inmigrantes

Cuatro meses han transcurrido desde que Chile comenzara un proceso de evaluación para recibir a refugiados sirios.  En este período el Ministerio del Interior y Seguridad Pública desarrolló un plan de reasentamiento para la inserción de las familias que suman un total de 70 personas, entre hombres (19), mujeres (17), niños y niñas (34).  Ad portas de su arribo los distintos actores que prestarán apoyo tienen todo dispuesto.  Ello significa, disponer de una vivienda de acuerdo al grupo familiar, tan cercana a la locomoción colectiva como al lugar en que recibirán clases de español y, apoyo por medio de talleres para el manejo de situaciones cotidianas e integración cultural.

La noticia se recibe con beneplácito. La población siria que llegará a Chile en calidad de refugiada lo hace tras vivir seis años de guerra, de horror y desolación.  Igualmente ocurriría si dicha población, o personas individuales, solicitaran refugio por motivos de persecución política o religiosa, de raza, o víctimas de guerra, como ocurre en este caso, porque la calidad de refugiado es amparada por la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados y Chile ha firmado y ratificado dicha Convención.

Curiosa paradoja.  Junto a los derechos políticos, sociales y culturales de quienes buscan refugio nos encontramos con la inexistencia de derechos de quienes migran a Chile en busca de tranquilidad, como ocurre con la generalidad de la población colombiana, y/o cruzan fronteras buscando una mejor vida como ha sido el caso de peruanos, venezolanos y, últimamente haitianos.  Aún no contamos con una cifra oficial de inmigrantes por nacionalidad, pero sí sabemos que el grueso de la inmigración se inscribe por razones económicas.  La población inmigrante busca  una mejor vida de la que ofrecen sus países de origen.  No obstante, el imaginario con que toman dicha decisión muchas veces está lejos de la realidad, e incluso se torna un tránsito oscuro, indigno e inhumano; especialmente para quienes no hablan español y están cubiertos de piel oscura.

El problema se suscita cuando se pone el tapete en la desigualdad de derechos para hombres, mujeres y niños que ingresan a Chile.  Léase, la ausencia de una Ley de Migraciones con principios, derechos y regulaciones.  La muerte de Joane Florvil, haitiana de 28 años, es una muestra tangible sobre la desprotección de los inmigrantes, convirtiéndose así en los más débiles dentro de los vulnerables.  Para ellas y ellos no se contempla impartir clases de español para su integración social y cultural, no se propicia la fiscalización de las viviendas que les son arrendadas, tampoco sobre la existencia de contratos de trabajo.  La generalidad de los apoyos surge de grupos de la sociedad civil, de párrocos y feligreses, o grupos de estudiantes.  En menor medida está la agilización de los trámites legales y regularización de su situación como inmigrante, recayendo esta responsabilidad en los municipios, que dicho sea de paso, realizan lo que está a su alcance y sintiendo que no logran cumplir con las demandas.

Refugiados Sirios e Inmigrantes Haitianos son sujetos de derechos.  Sin embargo, el estatus de ingreso de unos y otros marca una diferencia que, además, se reviste con nuestras actitudes racistas, de abusos y autoritarismo.

Falta mucho que aprender. Falta mucho por hacer por nosotros mismos y por quienes cruzan la frontera creyendo que Chile es la panacea. Aún nos falta enterrar los nefastos resabios discriminatorios y desenterrar una política pública de derecho que tanto gusta citarse en los discursos, pero que en los hechos el sueño chileno no se alcanza a vislumbrar para los inmigrantes.

 

María Rosa Verdejo

Directora Ejecutiva

Fundación PIDEE

Ley Nº 20911 

Promover la educación en derechos humanos es esencial para emprender camino hacia la formación ciudadana impulsada por el Ministerio de Educación.  La entrada en vigencia de la Ley N°20911 nos obliga a oír y actuar frente a lo que parece ser una crisis de valores, donde prima la ausencia de compromiso social y desmotivaciones, tanto para con otros como con el entorno.  Estas actitudes de voluntad propia y logros personales no es generalizada; pero si hay que legislar es porque al interior de una sala de clases es escasa la formación sobre el ser ciudadano.  Para llegar a ello, sin embargo, hay que sentar bases en aquellos derechos humanos que por ser universales nos brindan la posibilidad de preguntarnos y aprender qué es la tolerancia, la justicia, la no discriminación, el respeto y la dignidad de cada persona, sin importar edad, sexualidad, etnia ni cultura.

Las comunidades educativas no son las únicas que contribuyen a la formación ciudadana, también está la familia y los espacios alternativos que por ser garantes de derechos debieran promover la práctica y participación de principios esenciales que contribuyan a ejercer aquello que conocemos como derechos y deberes.  Lo cierto es que a partir del 2017 la tarea recaerá fuertemente sobre los establecimientos educacionales ya que deberán incluir esta materia en sus mallas curriculares “para asumir una vida responsable en una sociedad libre y de orientación hacia el mejoramiento integral de la persona humana, como fundamento del sistema democrático, la justicia social y el progreso”.

Entonces nos vemos enfrentados a sacar esos valores fundamentales de los documentos institucionales, de los discursos traslapados y convertirlos en realidad en las aulas, los espacios recreativos, en la relación entre pares y entre niños, niñas, jóvenes y adultos. ¿Cómo?

De hecho coexisten muchas experiencias virtuosas que si se analizan resultan ser una muestra imprescindible para la vida compartida.  Resulta fundamental, también, poder contextualizar este gran tema –formación ciudadana– con características universales para llevarlas al campo de la reflexión  y el aprendizaje.  A ojos de quienes ya la desarrollan pueden decir que los caminos van desde las actividades lúdicas hasta las posturas más filosóficas.  Concretamente, cualquier metodología e innovación es válida para educar en derechos humanos y poner en práctica el Plan de Formación Ciudadana.

Educar en derechos humanos puede ser para muchos educadores y educadoras el primer paso para emprender una tarea que no tiene final porque no es una receta a seguir. Al mismo tiempo, imbuirse en ello tiene más de un sentido.  Entre ellos, prepararse para enfrentar el cumplimiento de una ley, y por sobre todo tomar conciencia de que la vida hay que transitarla con coherencia, respeto y dignidad.

María Rosa Verdejo R.,
Directora Ejecutiva
septiembre 2016

PROTECCIÓN A LA NIÑEZ Y ADOLESCENCIA EN CHILE

El 20 de noviembre de 1989 la historia universal marcó un hito cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño. Un tratado que Chile ratificó un año más tarde y que se rige por cuatro principios fundamentales: la no discriminación; el interés superior del niño; su supervivencia, desarrollo y protección; y la participación en las decisiones que les afectan.

La Fundación PIDEE desde su creación ha tenido como eje central la protección a la Niñez y Adolescencia. En sus inicios -y por más de diez años-, un grupo de profesionales acogió y atendió a niñas, niños y adolescentes que en ese entonces eran víctimas directas de la represión cívico militar, y lo hizo a través de un apoyo integral. Hace más de ocho años ya, que grupos de profesionales desarrollan tareas socios educativas con enfoque de derechos, tanto en zonas rurales como urbanas y, todas ellas, asentadas en los cuatro principios fundamentales que rigen a la Convención de derechos  a la niñez. Al conmemorarse, el aniversario número 25 de la Convención nuestra institución desarrolló y participó en una serie de actividades y acciones que dan muestra del proceso de análisis, avances y desafíos asumidos para dar cumplimiento a un mandato de carácter universal.Una de estas acciones fue la “Semana de la Niñez” realizada en Tirúa en forma conjunta con el municipio de la comuna. Fue una semana donde el tiempo y el espacio fueron para y con la Niñez; calificada actualmente, por haber generado un ambiente de recreación, aprendizaje y reflexión que contó con la participación de la comunidad en su conjunto. En esa semana nadie se restó, sólo se sumaron cientos de personas a participar y conmemorar el aniversario de la Convención. En el mismo contexto se desarrolló otra actividad en la comuna de Recoleta,  nuestra institución finalizó los Talleres socio educativos con los “Relatos de Identidad”; un lugar donde las niñas y niños migrantes e indígenas que estudian en la Escuela Bilingüe República de Paraguay apostaron a un intercambio recíproco y horizontal, donde por momentos traspasaron las barreras culturales para enriquecerse unos de otros y aprender a convivir con las diferencias en aras del desarrollo personal.

Junto con conmemorar un año más de la ratificación de la Convención sobre los Derechos del Niño, la Fundación PIDEE exteriorizó los esfuerzos que hace día a día por cumplir con su misión: Hacer realidad los Derechos de la Niñez.

María Rosa Verdejo R.
Directora Ejecutiva PIDEE

La cultura retratada: Los símbolos culturales registrados por niñas y niños mapuche lavkenche.

En el trabajo práctico de los Talleres Socioculturales que realiza el equipo intercultural de Fundación PIDEE con los niños y niñas Mapuche Lavkenche de la Escuela Primer Agua de la comuna de Tirúa, hemos aprendido que en relación a su cultura ellas y ellos muestran distintas expresiones verbales y analógicas; es decir distintas respuestas asociadas a la experiencia directa, las expresiones verbales que niños y niñas manifiestan, pueden decir, nombrar, explicar y contextualizar.  Leer más La cultura retratada.pdf

Maite Dalla Porta F.

Por el sueño de una infancia pluricultural

El viaje de miles de niñas y niños mexicanos/as y centroamericanos hacia Estados Unidos ha generado una importante crisis humanitaria en el continente en el mes de julio del 2014. Según datos, se estima que 90.000 niños y niñas cruzarán la frontera en el transcurso de este año, que pone de relieve uno de los fenómenos más trascendentales de las últimas dos décadas: los procesos migratorios. Leer más – Infancia Pluricultural

 

Fernando Pairican