Noticias de la semana: 19 al 25 de Enero
Lunes, 18 de enero de 2010
Según fuentes de inteligencia occidentales.
TEMEN UNA ESPIRAL DE VIOLENCIA DE CONSECUENCIAS IMPREVISIBLES EN HAITí
Centenares de delincuentes se fugan de una cárcel de la Capital
Miembros del partido del defenestrado Aristide, estarían reorganizándose
Rui Ferreira
La desestabilización vendría por la desesperación que está
apoderándose de la población, por la falta de alimentos, agua y
medicinas, así como por el incremento de la inseguridad en las
calles.
En las próximas semanas Haití pudiera entrar en una espiral de
violencia de consecuencias imprevisibles, han asegurado a
ELMUNDO.es fuentes de inteligencia occidentales, estacionadas en
el país caribeño.La preocupación es seria y fue expuesta a un
grupo de corresponsales el domingo por la tarde, en lo que queda
de las instalaciones del aeropuerto de la capital haitiana, bajo
la condición del anonimato y de no publicar determinados
detalles.La desestabilización está originada en la desesperación
que está apoderándose de la población, por la falta de
alimentos, agua y medicinas, así como por el incremento de la
inseguridad en las calles de Puerto PRícnipe, después de que
centenares de delincuentes se fugaran de una cárcel de la
capital haitiana. IncidentesHa habido ya varios incidentes,
dijeron las mismas fuentes. El sábado en el aeropuerto, algunos
haitianos intentaron entrar por la fuerza, uno de ellos incluso
empujó a un militar estadounidense tirándolo al suelo, aunque el
soldado no reaccionó.El domingo, los pocos agentes policiales
haitianos que aún ejercen sus funciones persiguieron durante
varias manzanas a ladrones que intentaron apoderarse del
contenido de la caja fuerte de un banco, que quedó destrozado
por el terremoto.Del interior del país, llegan informaciones de
que miembros del partido del defenestrado ex presidente Jean
Bertrand Aristide estarían reorganizándose para provocar
disturbios en la capital, con la idea de traerlo nuevamente al
país, aprovechando el virtual vacío de poder que se vive en
Haití.No son grandes indicios si los vemos por separado.
Pero si empezamos a sumarlo todo, la conclusión es que están
creadas las condiciones para que suceda algo, afirmó una
de las fuentes.En realidad, aseveró, lo que está claro es
que están tanteando cual será la reacción de los militares que
protegen los cargamentos humanitarios. Si uno de ellos dispara,
se puede caer en una reacción en cadena, que será muy
problemática.Varias tripulaciones del portaviones Carl
Vinson han reportado a sus superiores, que al momento de
distribuir cajas de agua a la población, esta, en vez de
recibirlas con tranquilidad, suele intentar subir al helicóptero
para arrebatar el cargamento por la fuerza.Es por eso que, en
los últimos días, las tripulaciones optan por no aterrizar
totalmente, sino tirar el cargamento desde unos tres metros de
altura.El sábado hubo un haitiano que logró colgarse de
la puerta de mi helicóptero y hubo casi que golpearlo para que
se desprendiera, contó uno de los pilotos a un grupo de
periodistas. El hambrePara los analistas, uno de los mayores
peligros es el hambre. Aunque Haití siempre ha sido un país
empobrecido y Puerto Príncipe un exponente de esa pobreza, los
haitianos siempre lograron alimentarse. El comercio funcionaba,
el transporte aunque rudimentario existía, pero
con el terremoto todo eso colapsó.Las personas están detenidas
en el tiempo en medio de las calles, rodeadas de ruinas, aún en
estado de shock, muchas veces sin entender bien que pasó.Además,
no hay electricidad en la capital y en estos días a partir de
las 6 de la tarde ya está oscureciendo. Sus habitantes duermen
al aire libre, en improvisados campamentos de desplazados, que
vistos desde el aire parecen una enorme manta de cuadritos.
Locuras La oscuridad hace pensar mucho. La gente se
desespera y para sobrevivir hace locuras y en Haití no hay una
estructura para frenar una revuelta, enfatizó una de las
fuentes.Una de esas locuras, pudiera ser un asalto
al aeropuerto de la capital, donde se concentra toda la ayuda
humanitaria que llega y, ante la insuficiencia en su
distribución, es más lo que llega que lo que se entrega a la
población. Si ellos se dan cuenta de que el agua y la
comida están al doblar de la esquina, concentradas en el
aeropuerto, y tienen hambre y sed, las consecuencias serian
catastróficas. Porque, una cosa no es saber, sino adquirir
conciencia de que algo que quieres desesperadamente, porque tu
hijo o tu esposa se están muriendo, puede estar al alcance tu
mano si tienes la voluntad de hacerlo. El desespero impulsa
voluntades, comentó otra de las fuentes. La ayuda se
acumulaEn un recorrido por el aeropuerto el domingo, ELMUNDO.es
constató que hay una enorme cantidad de envíos, que languidecen
en la pista del aeropuerto, porque no hay como sacarlo hacia la
calle. Es el caso de las donaciones del gobierno italiano o del
marroquí. Aunque Francia envió a un grupo de soldados para
cuidar de sus cargamentos, estos no lo han podido sacar aún del
aeropuerto.El problema es que la ayuda, aunque sustancial, no
está llegando con celeridad a la población.El viernes, el
contralmirante Ted Branch, a cargo de la distribución de la
ayuda, no ocultó su preocupación por la situación. No
deja de ser frustrante que las organizaciones humanitarias no se
han puesto de acuerdo para distribuir la ayuda. Esa paralización
es un peligro, dijo.La aseveración no deja de ser
irónica, porque la operación de rescate del país ha sido
bautizada, Respuesta Unificada. Mientras tanto,
pese a que el aeropuerto está abarrotado de ayuda internacional,
mas donaciones siguen llegando.El domingo arribó un Hércules
C-130 de Japón, con 20 toneladas de ayuda y un equipo de
rescate, otro aparato similar de Marruecos con comida, agua y
medicinas, así como un Airbus de Martinair fletado por una
organización humanitaria holandesa, con medicinas de todo tipo.
Llegan refuerzosEste domingo fue el día en que las tropas de
Estados Unidos volvieron a Haití, desde que el año 2006
entregaron el mando de la misión de manutención de pacificación
de Naciones Unidas (MINUSTHA) a Brasil.En la madrugada del
sábado para domingo, alrededor de 1.000 soldados de la 82
división aerotransportada, con sede en Fort Bragg, Carolina del
Norte, desembarcaron en Puerto Príncipe y montaron un campamento
rudimentario en el aeropuerto.Durante unas 12 horas, mientras
los mandos decidían a donde enviarlos, la mayoría de los
soldados de la 82 división aerotransportada, deambulaba sin nada
que hacer, mas allá de dormir sobre la hierba, asegurar en el
piso las casetas de las letrinas o acomodar en almacenes
portátiles las cajas de comida.El martes, está prevista la
llegada del porta-helicópteros Bataan con 2.000 marines a bordo
que serán incorporados a las tareas de seguridad pública, ya que
la policía haitiana prácticamente no existe y la MINUSTHA se
encuentra desorganizada. Muchos de sus integrantes murieron o se
encuentran heridos por el terremoto.
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(c) 2010, elmundo.es (http://www.elmundo.es/)
Encomendados a Dios, campesinos conviven con erupción de volcán en Ecuador
Por NNM - 18 Enero, 2010
Lida Hernandez, residente de Palictahua. (AFP)
PALICTAHUA (AFP) – Dejando su suerte en manos de Dios pero sin temer la muerte, campesinos conviven día a día con la furia del volcán Tungurahua, uno de los más activos de Ecuador, que desde 1999 dejó seis muertos, cientos de desplazados y varias aldeas destruidas.
“Somos de tierra y a la tierra tenemos que volver. ¿Qué miedo? Dios nos guarda”, expresó a la AFP Lida Hernández, una oriunda de Palictahua que se niega a abandonar del todo ese recinto donde, dice: “Está mi vida”, y que dejó de ser visitada por sus cinco hijos quienes emigraron en busca de prosperidad.
Entre risas, la mujer de 78 años añadió que sus descendientes “no quieren volver a ser tierra (morir)”, por lo que se olvidaron de Palictahua, uno de los poblados que fue arrasado por los flujos de lava, lodo y escombros que descendieron bruscamente del pico del Tungurahua en julio y agosto de 2006.
“Durante ese período, se registró la mayor actividad del volcán con lahares (aludes) que pueden bajar a 85 km por hora y flujos piroclásticos (material incandescente) de hasta 800 grados centígrados que se desplazan a velocidades de entre 75 y 150 km por hora”, explicó un vulcanólogo del Instituto Geofísico.
Cuando sale el sol, Hernández, a quien las autoridades entregaron una casa en la cercana localidad de Penipe, vuelve a su terreno para sembrar y alimentar gallinas y cuyes (conejillos de indias) a pesar de que el volcán de 5.029 metros de altura “está bravo”.
“Pero yo no le tengo miedo” apuntó la anciana, que por las tardes va hasta Penipe “sólo para dormir, por seguridad”. “¿Qué hago allá? Nada. Pasar durmiendo, de vaga. Acá engordo animales para subsistir, sino, no hay para el ‘chapo’ (agua aromática con harina de cebada tostada)”, añadió.
En el umbral de su vetusta casa, la mujer aún lamenta la “tragedia grande” de 2006 en Palictahua, donde seis personas murieron. “Unas quedaron sepultadas, otro quedó quemadito. Los cuerpos de dos nunca fueron encontrados porque la correntada de lodo les sorprendió cuando cruzaban el puente”, recordó.
Con casas bajo tierra, de la que sobresale algún domo de horno de pan, Palictahua es una de las aldeas arrasadas por efectos de la erupción del Tungurahua, ubicado en el centro andino de Ecuador y cuya actividad se reanudó en enero.
“Esta semana hubo dos días en que parecía que el cerro se venía encima y la tierra se movía”, señaló Hernández.
En el área de riesgo, hay preocupación ante una posible erupción inmediata. El agricultor Hólger Guamán expresa con temor: “Estamos en cosecha y se nos puede echar a perder todo”.
“Tememos que la erupción dañe los cultivos” de productos como maíz y tomate, anotó el campesino de 24 años, quien se decidió por retornar a Palictahua en virtud de que en el sitio fue reabierta la escuela en la que estudian dos de sus cuatro hijos.
Rememoró que en la erupción de 2006 “el solo humo quemó árboles, durante 15 días era una nube de polvo que atrapó al poblado”.
Guamán enfatizó: “Es difícil salir a otro lado sin tener de qué vivir”, aunque añadió que la ceniza fertiliza la tierra y compone el fréjol sembrado porque “lo desinfecta, el azufre le ayuda a desarrollar”.
“Se alteró” el Tungurahua, apuntó a su vez el anciano Luis Medina, indicando que en Calci -otro caserío en las faldas del macizo- cae polvo volcánico y “el azufre afecta a los ojos”.
Sin embargo, exclamó: “No hay por qué asustarse. Es la voluntad de Dios”.